Acaso el génesis…

En el principio Dios creó el cielo y la tierra (Génesis 1:1) …

            Fueron siete días, pero los días de 24 horas no existían. No existía criatura alguna que midiera las horas y puede que Dios no se tomara la molestia de medirlas, puede que esos siete días fueron 7 billones de años, puede que más. Especulemos, porque si las escrituras especulan, no creo yo que el especular sea algo que se pueda monopolizar, luego les contaré cuando era yo un profesional de la especulación. Por ahora disertemos sobre ciertas hipótesis, así que quizás en esos tiempos de ausencias humanas, no había horas, días o años, quizás el tiempo no importaba y lo que importa es que ahora somos parte de todo esto (era el plan), lo demás son pendejadas. Quizás Él toco el agua y con movimiento concéntrico sembró una semilla, una célula que tuvo el permiso divino de reproducir sus núcleos y su bioelectricidad, ¿cómo paras un tren de semejante fuerza? Puede que esas células también tuvieron la libertad de hacer lo que les viniera en gana como el hombre. Si había mucho por hacer pues que se hiciera por sí solo, así puso la vida y esta fue abriéndose camino por sí sola, un campo sembrando en un guijarro flotando en el espacio, no sabemos cuál fue el orden, si la luz o los planetas. ¿Importa acaso?

            ¿Acaso debería haber creado la gravedad luego de haber creado la tierra? Si no, no tendría sentido. Las escrituras suelen ser infantiles y se saltan las leyes naturales, puede que sea más sencillo. Necesitar por ejemplo que el gran padre del absoluto tome un día de descanso. No creemos que poseyera músculos que se cansaran o nervios que se inflamaran, y considerase recostarse en una nube para aliviar sus cayos producto del trabajo, sintiendo luego un ególatra placer al contemplar todo aquello, como el arquitecto que diseña una gran ciudad. No creemos que se regodeara en su inmensidad, ni en su ira. De ser perfecto, para qué agregarle estos imperfectos artilugios del hombre, así como pensar que en tiempos de la nada había días, horas o años, lo dicho, pendejadas. El abracadabra textual surtió efecto y luego se armó todo esto. Somos muy pequeños aun para comprender estos amores de caos ordenados, pero ya llegara el día, no hay apuros, no creo además que la génesis comience con la luz y la tierra. Creo que la génesis empezó en el sin comienzo de Dios padre antes de que flotara por ahí como las escrituras dicen (unas sábanas blancas fluctuando en la oscuridad) meditando durante esos mentados eones que pasaron, no había tiempo y el tiempo no es relevante. Así que siete días es divagar y la divagación se viste de especulación como ya se sabe.

            ¿Acaso el génesis es más a imagen y semejanza del hombre que de Dios? Todo esto lo suponemos, como lo suponen las santas escrituras, que creemos santas porque puede que alguien pensara que así las tomarían más en serio o en cuenta, no creyendo que sean un engaño, porque el hombre tiene lo necesario cuando de regodearse de sus logros se trata, sino más bien pretendiendo que esto estimule a la contemplación, liberando las necesidades espirituales humanas, aunque sea mucho pedir. A ver si luego los inquisidores no nos ven como el leproso del pueblo, exasperándose, auto complacido, sumergido en sus métodos medievales condescendientes, en hoscos lechos de frío concreto, asegurando fervientemente que durante esa creación que se especula fue parecido a un abracadabra, hubo días y Dios necesito un descanso al séptimo.

Miguel Angel Carrera.

La evasión de Julieta

Maneras-de-evadir-la-realidad

Era previsible, Julieta odiaba ser austera con las palabras, ella amaba salir a caminar y perderse en la cercana fronda boscosa por horas, para cultivar la poesía que ese reino de verdes intensos le inspiraba, nada le producía más felicidad que aquello. Imberbe ante una vida que consideraba vacía sin las letras, Julieta luchaba contra todo aquello que le robara el tiempo para sus caminatas, pero no contaba ella con el acechante avatar mundial que se avecinaba. Una pandemia, esa que más de una vez maldijo y que decía el noticiero había nacido al oriente, a veces pensaba, era un bebe probeta, no una hija dela naturaleza como muchos otros virus, no señor, no lo era, pasado había odiado las vertientes conspirativas, pero esta no parecía serlo, tenía lógica, los chinos eran comunistas y los comunistas eran asesinos, la vida humana les importaba poco, odió aquella pandemia asesina con memorable desprecio. Pero su corazón era abrasivo, no se dejaría abatir, algo resolvería, sabía que salía, la policía la arrestaría, seria encerrada para dar el ejemplo a los demás ciudadanos y no podía permitirse ese extravagante lujo de ser la comidilla local. Por eso resolvió dar a sus paseos la condición de clandestinidad no deseada, se decía así misma que al menos ese toque de aventura le daría más sabor, por ende, más inspiración.

  De pequeña Julieta había sido así, rebelde, luego de haber descubierto y leído aquel libro de Julio Verne, de la tierra a la luna, resolvió ser una enconada aventurera, en su mente trazaba mapas, escribía listas de equipamiento. Que debía llevar, que debía dejar, que era imperativo, que era banal, por ejemplo, entre lo banal había dos fotografías infaltables, una fotografía donde posaban de manera solemne su madre su padre y ella, con un fondo azul envejecido y una fotografía de Julio Verne con su barba blanca y su traje negro con el glorioso Nautilus surcando el océano detrás de él, podía permitirse esas banalidades, ocuparían un bolsillo dentro de su chamarra del lado del corazón. Sus compañeras pensaban que era rara y ella adoraba ser considerada tal cosa, como una rara, debía estar orgullosa de serlo.

  Julieta lamento triste que Julio Verne entre tantas aventuras y postulados no hubiera escrito sobre una pandemia mundial y como enfrentarla, en su época, sin duda alguna habría sido un tema de alto interés literario, aun dentro de la ficción, habría sido novedoso, pero no, Julio Verne no había pensado en ese tipo de temas y ahora Julieta no tenía una guía que le dijera a ella que pasos podría dar. El encierro le quitaba las palabras, le enclaustraba la mente, y ella odiaba profundamente ser austera en las palabras.

  En su primera evasión, camino sintiéndose acechada, una mirada sobre ella como la sombra de un alto roble, ennegreciendo su caminar otrora alegre, pero, aun así, la poesía brotaba, era una semilla abundantemente regada, la evasión, la clandestinidad, el recelo, y sobre todo eso, el peligro de una pandemia rondando los aires como un enjambre de miedos oscuros, esto, obligaba a la poesía imponerse, pero esta poesía una era de sol, montañas y nubes que surcan los cielos, esta poesía ahora era sombría, descollaba insistencia malévola, un virus. Estar hacinada en su casa, era de días largos, de semanas largas, tan largas como la línea divisoria entre un país y otro, tan largo como la línea entre la tierra y la luna, como Verne había escrito, así eran los tiempos de pandemia, largos como la vida misma, pensaba Julieta, caminando con hojas de matorrales rozando sus delicados brazos.

 

Miguel Angel Carrera.

Recuerdos…

b01eeedcb94b18ceb0353156f7387b0b2

Todos siempre tenemos recuerdos extraños de nuestra niñez, no creo que algún ser humano se salve de eso, yo diría extraño dentro de lo normal, no me refiero a nada que contenga un dejo de sobre natural. En mi caso, son muchos y no puedo recordarlos todos al tiempo, muchas veces en medio de un día de trabajo, de un descanso o almuerzo me asaltan sin previo aviso. Algunos más extraños que otro, pero nada que encaje dentro de lo extraordinario, al contrario, gozan de una banalidad que rayaría con brutalidad en lo ridículo, pero son recuerdos empecinados. ¿Por qué dichos recuerdos visitan mi mente en momentos tan triviales? eso es algo que solo dios sabe en su infinito universo de misterios oscuros e inexpugnables, yo solo soy un hablantín de zarandajas cuya mente nadie entiende.

  Uno de esos recuerdos banales y fríos que suele asaltarme cada cierto tiempo es un frío retrato de Jesús de Nazaret (una excelente obra debo añadir) en casa de una vecina de casa de mis padres, si me concentro un poco y sin esfuerzo, puedo recordar el retrato con suma viveza. Era un cuadro al óleo de al menos dos metros de alto por un metro de ancho (tamaño exagerado para dicha obra, pienso), enmarcado en uno de esas cañuelas de ornamentos dorados que pretenden simular esos antiguos enmarcados franceses cuyo aspecto siempre me han parecido de mal gusto. Este retrato, de cuyo Jesús solo se veía su rostro y su pelo, estaba coronado con espinas alrededor de su cabeza, como es lo usual, sangre recorriendo sus mejillas, mirando hacia arriba suplicando, digo suplicando, es obvio que esa mirada es subjetiva, cada quien se imagina lo que su subconsciente le dicte, al arte debe ser así, un viaje, debe proponerte dilemas, escenas, sentimientos y el buen arte siempre lo hace.

  Recuerdo siempre ir acompañando a mi madrea casa de esa vecina (no sé por qué) y ver ese cuadro coronando el diminuto comedor dela casa, en realidad era un solo ambiente, era una sala comedor cocina, pero por lo general esas casas suelen verse (a mi parecer) acogedoras de esa forma, aunque siempre depende de cómo la adornen o distribuyan, las personas suelen ser osadas o curiosas la hora de adornar sus casas, yo mismo creo, tendría un pésimo gusto para adornar una casa como es debido. Una visita a esa casa significaba horas de conversaciones entre dos viejas amigas (mi madre y la vecina) acompañadas de un par de tazas de café casero bien cargadas y a mí, ahí sentado sin preguntarme por qué, imaginando mil tonterías, como la imaginación de un buen niño debe ser, y viendo a veces de forma hipnótica ese cuadro, ¿Por qué? No lo sé, el hecho es que en verdad era hipnótico, el pintor supo poner sentimiento en esa inquietante mirada, el cuadro lejos de inspirar religiosidad, era inquietante, habría dado igual si hubiera sido el cuadro de una criatura extraña digno hijo del Bosco, no lo pensaba en el momento por supuesto, pero ahora lo sé lo que era.

A esa edad lo normal es que no se tenga una definición exacta de religiosidad, de dios, no piensas en esas cosas como algo importante en tu vida, solo piensas en jugar, dibujar, hacer esas típicas actividades que tus padres no aprobarían por tu propia seguridad como irse en bicicleta con un grupo de amigos a la sabana a buscar nidos de pájaros en lo alto de los árboles, o vaguear como unos Tom Sawyer por los boscosos predios cerca de tu urbanización, cosas que de hecho hacia. Pero yo estaba ahí, cada ciertos días junto a mi madre, contemplando a ese Jesús de Nazaret siniestro bañado en sangré con su mirada llena de dolor y suplica. Algunas cosas te marcan, y esta por trivial que parezca, es una de ellas, me empujo (junto a la lectura) a ser un curioso insaciable. Jamás me gusto que la religiosidad prefiriera usar la sangre, la violencia y el dolor como manera espiritual de evocar a dios y su amor infinito, no lo critico, el no gustarme es obviamente es algo mío, y de nadie más. De seguro el día de hoy, 35 años después, ese cuadro aun estará ahí, de forma siniestra contemplando los desayunos, almuerzos, cenas y celebraciones, inerte.  Así como la subjetividad nos acompaña diario y también los recuerdos.

 

Miguel Angel Carrera.

Volver al blog…

nouvelle-nouveau2

Ha pasado ya una año y medio desde la última vez que pude publicar en este, mi blog amado, y lo cierto es que es terriblemente alentador y vivificante poder regresar. Como buen venezolano, tuve que partir de mi país buscando nuevos horizontes, dejando atrás a mi hijo. Todo este tiempo ha sido una lucha entre la humillación, el hambre, el no tener nada después de haber tenido mucho, la terrible necesidad y las ganas de trabajar. Pero aquí estoy de nuevo, con un computador prestado, la mente cargada de cosas que decir, y muchas ganas de volver a ganar el terreno perdido en la escritura y la lectura. Parece irónico que algo tan importante como la lectura sea tan costoso, al menos para mis famélicos ingresos, pero nunca dejo la lucha en ninguno de los frentes de la vida, han sido largos meses de carretera en ciudades, pueblos y los andes latinoamericanos, cabalgando un autobús, contemplando un microscópico pedacito de este gran mundo, ensimismado a ratos, asombrado otras, es una paleta de colores ¿saben? se confirma cada día de nuestras vidas. Menos sentimentalismos, vuelvo al blog.

 

Miguel Angel Carrera.

Preludio #06

314_1147075310Lo pondré de esta forma, el mundo tiene dientes, y yo le temo enormemente a esos dientes. Por tanto, me refugio de esos viles colmillos en mis letras, esas que van saliendo en la pantalla de cualquier ordenador que consiga prestado. ¿Terrible no? así de miserable es mi vida, ni siquiera un ordenador propio tengo, aun tratando de dedicarme a escribir. No recuerdo mucho de mis travesías a través de algunas pocas montañas de una minúscula parte de la gran Latinoamérica, pero hay cosas que se quedan en ti para siempre. Como los rostros curtidos por el sol y el frío, con sus ojos entre cerrados mirándote con frío desdén, las montañas abigarradas de inmensas rocas, desordenadas sobre sus desdeñosos lomos milenarios, las nubes grisáceas acostadas sobres estas montañas como si de un montón de colchas amontonadas se tratara. No hay duda, hay mucho que se quedara en uno para siempre, he ahi el principio, la génesis de una travesía obligada, apresurada. Con un alma llena de hambre, un cuerpo hambriento y muerto de frío, soportando malas caras, pero soñando con la carita de angel de mi hijo…

Miguel Angel Carrera Farias.   Venezuela.
Copyrighted.com Registered & Protected  X19V-VD8X-EAXI-2VSJ

Preludio #05

104546536-seamless-pattern-with-human-heart-with-key-and-steampunk-mechanical-parts-graphic-design-collection-

Carta de Sebastián, a quien sea que la encuentre.

Las dolencias que ignoramos suelen ser las más tristes, quizás porque nos sorprenden desprevenidos, lo que crees es un simple dolor muscular, o un tonto dolor de estómago, termina siendo un demonio necrófago, que decidió hacer su nido en las profundidades de nuestro cuerpo. Por eso luego de recibir la infausta noticia, no queda otra que pensar en la tragedia, en la muerte acechante, créanme, sé de qué hablo, soy testigo presencial de numerosas muertes en mi familia, y ahora soy portador de la misma. Miocardiopatía dilatada, mi corazón se hincho como un balón de futbol, así que era cuestión de tiempo, para que sufriera una muerte súbita. Sin dinero, un trasplante no estaba en los planes, por mucho que mi familia lo quisiera, así que esto seguiría así, dañándome por dentro como una araña negra, que contamina todo con su ponzoña. Entre mis peregrinares mentales, me he preguntado si habrá una mal intensión en todo ello, o si una enfermedad solo sigue su ciclo natural, sin tener conciencia de que acaba con una vida, de una forma tan terrible, de ser así al menos tendría un objetivo preciso contra quien enfilar todo este odio creciente que sentí. En la espera de la muerte se suelen pensar muchas tonterías, y es en medio de toda esperanza, que buscas en los más profundos recovecos, la forma de evadir la muerte desesperadamente.

Antes de que mi cuerpo fuera albergue de engranajes, tornillos y cables. Yo era un hombre normal, que trabajaba de ayudante junto a mi padre Augusto Longinus como mecánico en el ferrocarril de mi ciudad, martillando pernos y cargando material pesado. Entre un frio promontorio de edificios y casa humeantes grises, con calles sin asfaltar, en medio de montañas chatas y bosques grises, de tierra negra. Vivir aquí no era fácil, en medio de tanta pobreza. Nuestra casa quedaba al fondo de una calle bordeando el bosque, así que siempre teníamos madera cerca, para pasar el frio. Mi abuelo, hombre maravilloso, había investigado y desarrollado mucho sobre energías alternativas. Había descubierto una forma de contener grandes cantidades de Electricidad en una pequeña batería de 3 cm, energía limpia alternativa al vapor de poderes increíbles. Que luego el mismo hizo desaparecer a escondidas, dándolo por robado, para evitar que cayera en manos de gente que solo querían hacer desaparecer, su invento y a su inventor con él.

Ahora, ¿Por qué tengo un corazón mecánico? Simple, mi abuelo uso todo lo que estaba a su alcance para salvarme la vida. De alguna forma que aun no entiendo bien, y que se resistió a explicarme, por mi propio bien según él. Logro introducir este artefacto en mi pecho para sustituir mi corazón, por algo que bombeara sangre y me mantuviera con vida. Si desabotono mi camisa lograras ver en el lado izquierdo de mi pecho, al ras de la piel, la superficie de un pequeño cajón de metal cuyo minúsculo panel consta de un reloj indicador, y dos botones del que desconozco sus funciones. Esto empotrado en lo que parece ser una tapa asegurada, que jamás me atrevo a tocar. A veces mientras duermo, mi corazón ronronea extrañamente y un raro sabor a cobre inunda mi lengua, es como si despidiera una energía que inunda mi cuerpo. He leído con anterioridad sobre la bioelectricidad, pero solo se tonterías, mi cachivache personal emite energía, me mantiene con vida y mi abuelo se encarga de lo demás. Siempre me duerme antes de cada revisión, así que no sé nada más. Y por si te lo estabas preguntando, por supuesto que puedo darme duchas frías, aun teniendo esta cosa de metal en mi pecho.

¿Qué de donde sale la energía al parecer ilimitada, que mantiene mi corazón bombeando sangre ininterrumpidamente? Pues se supone que el generador funciona con esa pequeña batería de energía que habría revolucionado el mundo. Y que personas de alto poder involucrados directamente con SteamCorp (Principal empresa desarrolladora de la maquinaria de vapor en el país) se apresuraron a querer comprar, para desaparecerla y mantener el millonario negocio familiar. Así que al parecer yo llevaba una pequeña bomba de tiempo en mi pecho, y si ellos llegaban a saberlo (cosa que ciertamente paso), me cazarían como a un zorro. Yo nada podía hacer, víctima de las circunstancias, mi vida dependía ahora de un pequeño artefacto, que no entendía, del que no podía deshacerme, y del que nada podía decir, como prometí a mi abuelo. Como otras miles de preguntas que tendrán, imagino que se preguntaran también si este pequeño corazón mecánico me hará un hombre frio y calculador. Pues les diré que no tiene nada que ver, experimente cambios positivos increíbles de contar. ¿Amor? Claro, esto solo bombea sangre y bioelectricidad, lo demás está en el espíritu, creo.

En este mundo movido por el vapor, nada es fácil, los galeones y zepelines llenan los cielos, los carromatos y naves de la tierra llenan las rutas y ciudades. El Vapor y la pólvora son hechos para la guerra, o al menos para eso les ha secuestrado el hombre. Y uno de sus principales explotadores es SteamCorp, un monstruo industrial dominado por una familia con mano de hierro. Como no, llena de ironías, algunos han muerto en extrañas circunstancias, se dicen que la proximidad de la muerte del anciano dueño, ha encarnizado la lucha por el poder en una de las empresas más grandes del mundo. De ser así no sería extraño, siempre hemos sabido cómo podría terminar todo eso. Por ahora, yo seré el próximo en morir, perseguido por uno de sus perros de caza. Mi corazón mecánico me ha salvado la vida, pero también termino poniéndola en medio de una tormenta del que no se si saldré con vida. A quien sea que lea estos indescifrables garabatos, llevo el futuro del mundo incrustado en mi pecho, SteamCorp quiere destruirlo y enterrar sus restos junto conmigo para siempre.

Sebastián Longinus.

 

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.

Copyrighted.com Registered & Protected  X19V-VD8X-EAXI-2VSJ
 

 

Preludio #04

1542315602262473— ¿No te parece que el nombre del tercer planeta es estúpido Ela? Es decir, la tierra. Que chafa tan poco imaginativa, al menos hubieron tratado con algo más creativo, como esos planetas que tienen nombres de dioses griegos, no es que sea la gran cosa, pero suenan interesantes al menos. La tierra, suena a montón de barro flotando. Vaya nombre; mira el Sol, ese nombre es tajante, con un aire de grandeza, el muy desgraciado astro no se deja mirar fácilmente— balbuceo Sylak aburrido. Ambos de pie en medio de la nada lunar.

—No esta tan mal—exclamo Ela con poco interés, mirando absorta el frío espacio invadido de estrellas— Al menos es indicativo de lo que siempre ha sido, un basurero condenado a la mierda.

—Su condena empezó con ese nombre Ela, créeme, un guijarro corrompido flotando en el espacio, poblado de asesinos, psicópatas y pobres diablos. Basuras que no dudaron en devastar su propio hogar, sin el más mínimo resentimiento.

Ela dejo por unos segundos su absorta contemplación de las estrellas, miro a Silak sonreída, agregando—Cualquier cosa por no quedarte callado ¿cierto?

—En serio Ela, mira, aun se ve parte de su majestuosidad desde aquí, ese hermoso azul profundo hipnotiza a cualquiera, ¿no crees?

—A mí me da igual— agrego Ela con tono seco —Yo miro hacia adelante, no pierdo el tiempo pensando en ese infierno, no puedo esperar llegar a Ganimedes. Sueño con ver sus capitales piramidales de alta envergadura, su maravillosa limpieza y su hermosa armonía, este hollín lunar flotante me tiene al borde de la locura. En Ganimedes viviré feliz lo que me queda de vida.

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.
Copyrighted.com Registered & Protected  X19V-VD8X-EAXI-2VSJ

Preludio #03

1541438980461351—¡Odio todo esto! ¡En verdad lo odio!— Grito, sentado sobre la hierba, halándose los cabellos en señal de desesperación.

No tenía derecho a nada. Le asaltaba el recuerdo de su reunión con el apostata. Su caída desde los cielos como un rayo con sabor a dolor humano. Sufrió, sufrió mucho su repentina orfandad. No se podía ser más desdichado. Gritaba a los cielos, pero ya nadie respondía. Maldijo todo aquello con lágrimas amargas.

—¡Eres un idiota! ¿Qué te pasa? ¿Por qué?— le preguntaron sus compañeros riendo estrepitosamente. Era una blasfemia, una que le llenaba de rabiosos deseos de aniquilarlos.

Pero Abad permanecía en silencio, no alegaba ninguna razón. Solo una terrible sombra comenzó a llenar sus ojos. Más tarde les diría que solo eran tonterías suyas, preferiendo tragarse su arrepentimiento. Veía a sus compañeros con asco, como a una chusma perdida.

Entonces Abad, contemplo la posibilidad de una vida ermitaña. En secreto, se marchó a vivir en las frías cuevas de la azotada costa de Femo. Allí permaneció durante largos miles de años. Sin contacto alguno. Un ángel caído no necesitaba nada más, solo salir de su cueva sobre las rocas, cada cierto tiempo a orar. Fue así, como una oración de súplica una mañana de sol, sembró en él, el terrible propósito de hacer justicia para resarcirse. Cazaría sus congéneres y les haría pagar, aniquilaría sus vidas del universo. Sus negros ojos se llenaron de brillo, contemplando el horizonte que una vez más traía tormenta.

Miguel Angel Carrera Farias.   Venezuela.

Copyrighted.com Registered & Protected  X19V-VD8X-EAXI-2VSJ

Preludio #02

1541178725341305Esa noche, Julieta estaba sentada en las escaleras que daban al jardín de su casa, recostada contemplando las Pléyades, brillando en lo alto del cielo nocturno, había leído recientemente sobre aquella supuesta raza Pleyadiana que nos habitaba. Pensaba en la hermosa posibilidad de que fuera cierto. Su madre le preguntaba porque siempre perdía el tiempo leyendo aquel montón de tonterías fantasiosas, cuando podría aprovechar ese tiempo leyendo sus libros de colegio y aprender de verdad como Dios manda.

—¡Tonterías!— mascullo, mirando con desdén hacia el pórtico de la casa. —Es mi problema y en mi tiempo libre saciare mis pasiones y curiosidades con la lectura que a mí me dé la gana, faltaba más, soy excelente estudiante así que cumplo la media.—

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.

Copyrighted.com Registered & Protected  X19V-VD8X-EAXI-2VSJ