Oscuridad Parte. 01 – Relato

osc.

Abaddona moría de arrepentimiento, era una hiel que le corroía las entrañas, de pie sobre una colina de la aquella bahía que suele visitar, mirando el mar fijamente, pensando en su enclaustro planetario, contemplando como el mar serpentea miles de luces con la luz del sol de mediodía, bañando los pequeños barcos pesqueros, los flacos muelles de madera vieja y gastada, las quemadas espaldas de los pescadores, todo aquello enmarcado por las verdes colinas y los monolitos de roca que rodeaban todo aquello, el azul turquesa brillante, la brisa marina, el aroma del salitre y el rumor de las olas rompiendo siempre lo tranquilizaban, podía sentir un poco la inmensidad de la creación, por eso venia aquí cuando la depresión lo asediaba, en su milenaria vida esta era un pesado grillete que arrastrar en este incomunicado planeta. Ahí, parado en ese extremo de las frías islas Feroé, cerca de uno de los portales de traslado esculpidos por ellos mismos en el pasado, miraba el océano con ánimo calmo, taciturno, con ambos manos en los bolsillos, esperando que Azazel dijera sus primeras palabras parado a pocos metros detrás de él, este llevaba rato observándolo en silencio, pensando en una nueva manera de convencerlo, a fin de cuentas eran enemigos y hermanos, después de unos minutos de silencio incomodo Abaddona se decidió a hablar sin quitar la vista del horizonte.

-¿Qué pasa Aza? ¿Tu jefe te envió solo a observarme? Habla de una vez para que puedas irte.

Aza bajo lo mirada mientras sonreía irónico.

-Vamos Abad, ¿Qué estamos haciendo?  Tenemos siglos en esto, eres de nuestras huestes y Abraxas está dispuesto a aceptarte de nuevo si vuelves a nuestra causa viejo amigo, sabes que hemos hecho avances con nuestra lucha, no sigas del lado equivocado, más tarde o más temprano venceremos.

Abad miraba el mar sin inmutarse mientras oía.

-La rebelión del dragón fracasó hace muchos siglos ya Aza, Lucifer y Satanás están encerrados en los planetas de prisión, se acabó, yo solo veo que ustedes resisten lo que pueden, esto fue un error y todo debe volver a su cauce, así que yo no tratare de convencerte de lo contrario, has lo que debas.

-Estas ciego Abad, no importa cuánto tiempo tome, venceremos, el hombre es presa fácil, es débil, la herramienta perfecta para ganar.

Abaddona al fin volteo hacia Azazel.

-Aza eres un idiota, ¿Qué te hace pensar que lograras convencerme? Cuando nos incomunicaron ya todo estaba perdido.

Abaddona lo miro fijamente dejando ver que no había lugar a dudas, y le dijo secamente.

-Lárgate!  No hay nada más que decir viejo amigo, aquí estaré para ti si algún día te arrepientes de toda esta locura.

Azazel lo miro a los ojos y sonrió, en ese momento decidió irse, no había nada más que hacer por el momento, en el fondo ambos sabían que eso no había terminado, así que le dio la espalda y mientras caminaba hacia el portal hiso un ademan con la mano mientras decía sin voltear.

-Los perros de Abraxas te darán cacería viejo amigo y no podré hacer nada por ti, sabes dónde buscarme si te decides antes de que sea tarde.

Luego de esto desapareció por el portal dejando a Abad solo, aun mirando el mar desde lo alto de aquella colina. El y Azazel fueron hermanos y compañeros desde que ambos fueron creados en las profundidades del universo, creados para ayudar en la administración de civilizaciones, hijos directos de las deidades cuyo origen era el Dios mismo, ángeles caídos en desgracia, atrapados en un planeta rebelde incomunicado, confundidos ante la violenta caída del hasta entonces luminoso ángel administrador Lucifer, como millones de otros ángeles y serafines ante la errónea declaración de libertad. Abadonna tampoco comprendía como un ser de semejante perfección proponía semejante revolución abyecta, eso hizo que muchos siguieran al gran apostata, se sentía aun algo confundido pero plenamente arrepentido de haber cometido semejante error, en cambio Azazel estaba más que seguro de su decisión y haría lo que fuera por la cause rebelde, incluso aniquilar la existencia de lo que sea amenazara su cometido sin importar el amor de hermanos.

Abad paro sus pensamientos y se dirigió hacia el portal, debía ir a París, ahí se encontraría con el viejo Khamael, un ser intermedio brillante venido a menos después de la rebelión, igual que algunos otras personalidades como Abad había podido encarnar de alguna forma para poder actuar entre los seres humanos, junto al fiel Noah, colaboraban con otros seres humanos leales en la milenaria guerra que aún se desarrollaba en las sombras, paralela a la vida gris que el ser humano había adoptado con los siglos, ya en el portal de parís se dirigió hacia las catacumbas que pululaban bajos sus calle, ahí Khamael se protegía de los temibles perros de Abraxas, cazadores, las más bajas criaturas de la rebelión, aniquiladores de la vida seráfica abandonada de todo alimento celestial universal, por eso deberían reencarnar cada ciertas décadas, mientras los rebeldes deambulaban a la luz del sol, los leales debían hacerlo a la luz de la luna, en las sombras, en la clandestinidad, serafín, ángel, ser intermedio o humano al ser cazado tenía dos opciones, arrodillarse servilmente ante el príncipe apostata o ser aniquilados y para eso no le daban mucho tiempo para decidirse, pronto enfrentaría su destino…

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.
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